Efectos sobre el Sistema inmunológico: cáncer y leucemia

Hemos de considerar que las enfermedades cancerígenas en el ser humano se deben en un porcentaje mínimo del 20% a infecciones víricas, y que en animales el porcentaje es superior. Se ha comprobado que la influencia de los campos electromagnéticos produce una reacción de estrés, reduciéndose así la capacidad de defensa del sistema inmunológico. En estas condiciones, tanto los seres humanos como los animales, son más propensos a contraer enfermedades infecciosas y cáncer.

En los trabajos realizados en la Universidad de Texas se ha observado un crecimiento anormal de las células cancerígenas sometidas a campos electromagnéticos de baja frecuencia, similares a los producidos por las líneas de alta tensión. Tras 24 horas de exposición, se multiplicaron en varios cientos de veces.

Esta investigación, dirigida por el doctor Wendell Winters, fue encargada por la Organización para la Salud de Nueva York. Sin embargo, la misma organización, tras conocer los resultados, rebatió y desacreditó los mismos. Poco después, Jerry Philips, del Cancer Research and Tratament Center de San Antonio (Texas), repitió estas investigaciones, y logró ratificar e incluso ampliar los resultados:

la multiplicación celular en los tejidos cancerígenos expuestos a radiaciones similares a las que provoca una línea de alta tensión, fue de 1.600 veces. Según estos datos, el cáncer se desarrolla con mayor facilidad en un ambiente con radiaciones, como son las que provienen de líneas de alta tensión, transformadores, etc.

Philips dirigió un experimento con cerditos, que, posteriormente, amplió con ratas y comprobó que los animales expuestos presentaban síntomas de estrés, así como un mayor nivel de mortalidad, en comparación con los animales que no habían estado expuestos. Este estudio fue financiado por el Instituto de Investigación de las empresas de las Fuer zas Eléctricas y realizado por los laboratorios Battelle Pacific Northwest de Richmond. Evidentemente, no esperaban unos resultados tan adversos a sus intereses.

Battelle arguyó que las pruebas no demostraban efectos nocivos sobre los animales. Sin embargo, Philips —que posteriormente sería el responsable del programa de la EPA (Agencia Federal de Protección Medioambiental de Estados Unidos) sobre campos electromagnéticos—, rebatió estas conclusiones, ya que se encontraron pruebas muy visibles de efectos en los animales expuestos, especialmente en su capacidad de desarrollo.

Al final, quedó demostrado que algunas generaciones de animales expuestos, presentaban un mayor índice de defectos en el feto y anomalías de nacimiento. Philips, confeccionó una lista con los resultados inequívocos del estudio de Battelle en los animales expuestos a campos de extremada baja frecuencia:

  • Reducción significativa de los valores nocturnos de la melatonina segregada por la glándula pineal en las ratas, después de una exposición de tres semanas.
  • Reducción de los valores de testosterona en la sangre de las ratas macho, tras exponerlos durante tres meses.
  • Cambios en el sistema neuromuscular de los animales, después de tres días de exposición.
  • Aumento de malformaciones fetales en las ratas y los cerditos, expuestos durante dos generaciones.

En relación a la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, Daniel Lyle, de Food and Drug Administration de California, realizó investigaciones con ratones, desde 1983 a 1988, y comprobó una disminución de dicha capacidad, proporcional a la intensidad del campo electromagnético. Lyle constató una disminución de la citotoxicidad de los linfocitos T (variedad de glóbulos blancos que ataca a los antígenos y a ciertas células cancerosas), los cuales son fundamentales en la lucha del organismo contra el cáncer.

Otra conclusión de sus experimentos es que la cantidad de linfocitos T disminuye conforme se incrementa la fuerza del campo. Ello nos hace ver la relación entre la exposición a campos electromagnéticos y la disminución de la eficacia del sistema inmunológico, como fenómeno precursor de futuras patologías.

En esta línea de investigación, en 1981, E. Fukada, detectó un aumento significativo en la velocidad de crecimiento de osteosarcoma, debido a la influencia de campos eléctricos. Otras experiencias realizadas por Becker ese mismo año con personas, revelaron resultados similares en relación al fibrosarcoma humano. En esa misma línea, el japonés T. Akamine (1985), observó un aumento de malignidad en células carcinómanas embrionarias.

sistema-inmunologico-small

“La enfermedad silenciada” Raúl de la Rosa

http://www.saludiniciativa.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: