Efectos sobre la permeabilidad de la barrera hematoencefálica

La barrera hematoencefálica es una estructura constituida por células endoteliales especializadas, y es una barrera entre los vasos sanguíneos y el sistema nervioso central, al que protege y es fundamental en el mantenimiento de la homeostasis de las neuronas y las células gliales y en el bloqueo del acceso de sustancias tóxicas tanto las externas como las internas.

Hace más de 50 años que la alteración de la permeabilidad de la membrana hematoencefálica por microondas fue comprobada en la Unión Soviética. Décadas después, la doctora Jocelyn Leal y su equipo del Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid realizó multitud de investigaciones de los efectos biológicos de las radiaciones no ionizantes.

En el año 1995 Leal constató que a altas frecuencias de 915 megahercios, correspondientes a una de las frecuencias usadas por las operadoras de telefonía móvil, y aplicando modulación de pulso de 8,16 y 200 hercios (la telefonía digital funciona a 217 hercios de modulación de frecuencia), se modificaba y aumentaba significativamente la permeabilidad de la membrana hematoencefálica.

Asímismo, en el año 1997, Persson, Salford y Brun comprobaron que la exposición a radiofrecuencias, aún en intensidades muy bajas, aumentaba la permeabilidad de la barrera hematoencefálica de ratones. Estos resultados indican que una serie de macromoléculas existentes en la sangre pueden pasar al cerebro. El neurólogo y neurocirujano Leif Salford, de la Universidad Sueca de Lund, demostró este fenómeno en un estudio realizado con ratones expuestos durante dos minutos a la radiación de telefonía móvil.

Dicha radiación con valores situados por debajo de los que producen efectos térmicos, destruía la barrera hematoencefálica, exponiendo los tejidos cerebrales a las proteínas y a las toxinas. Esta línea de investigación ha puesto de manifiesto que, tal como se creía, la telefonía celular es sospechosa de estar relacionada e incluso ser la causa de enfermedades degenerativas como Alzheimer y esclerosis múltiple. Esta relación causa-efecto se fundamenta en que la presencia de proteínas en el cerebro de estos enfermos es una constante establecida.

Según el Informe Mundial del Alzheimer de la Alzheimer’s Disease International (ADI) las personas afectadas de demencia se duplicará cada 20 años: 65,7 millones en 2030 y 115,4 millones en 2050. Incluso a densidades de potencia de tan sólo 0,1 nW/cm2 (0,0001 μW/cm2) se producen alteraciones en la permeabilidad de la membrana encefálica al flujo de los iones calcio.

Este efecto es especialmente intenso cuando se producen pérdidas de calcio en el líquido que rodea al cerebro. La importancia de este fenómeno viene motivada porque en el organismo humano hay toda una serie de procesos metabólicos fundamentales que dependen de los iones de calcio y que se alteran ante estas densidades de potencia a las que prácticamente toda la población se encuentra expuesta.

El doctor Salford asegura que el uso de teléfonos móviles es el experimento biológico más grande jamás realizado, pero creo que habría que ampliar este concepto a todas las radiaciones que invaden el medio ambiente, nuestras viviendas y nuestros cuerpos en una situación de riesgo biológico sin precedentes en la historia de la humanidad.

Fischer comprobó en 344 ratas expuestas a microondas de 915 megahercios que “La exposición de onda-continua muestra un escape de albúmina del 47% en los cerebros de las ratas expuestas. Después de exponer a las microondas pulsantes moduladas de 915 megahercios nosotros observamos un aumento en el escape de albúmina del 24% en el cerebro de las ratas expuestas”.

Este fenómeno es crucial puesto que al debilitarse la barrera de la permeabilidad cerebral, el cerebro queda sin defensas frente al escape y entrada de virus, impurezas de la sangre y aditivos alimentarios. La glucosa de la sangre penetra en el cerebro y destruye neuronas. Es sabido que las proteínas en el cerebro pueden provocar las enfermedades de Alzheimer y Parkinson, pues, de esta manera, la permeabilidad de las células queda debilitada.

El doctor Neil Cherry, biofísico en la Universidad de Lincoln en Christ Church, Nueva Zelanda, afirma que la radiación que provoca un teléfono móvil puede alterar la permeabilidad cerebral en unos dos minutos y que los priones que provocan la enfermedad de las “vacas locas” pueden entrar en el cerebro.

Se ha demostrado en un buen número de investigaciones con personas voluntarias y con animales que fueron expuestos a microondas que incluso, en cortos periodos de tiempo y en niveles de radiación considerados por las normativas como muy bajos, se producen alteraciones de la barrera hematoencefálica, que es el sistema regulador del paso de sustancias al cerebro.

Persson en el año 1997 ya constató este fenómeno en su estudio “Permeabilidad de la membrana cerebral en ratas expuestas a los campos electromagnéticos usados en la comunicación inalámbrica”. Dutta, Ghosh y Blackman en 1989 también comprobaron el transporte de calcio a través de las membranas celulares en su trabajo sobre radiofrecuencias y radiación inducida en un ion de calcio y neuroblástomas en células de cultivo.

Las alteraciones en la barrera hematoencefálica cerebral permite el paso de sustancias tóxicas al cerebro y favorece los daños en las áreas del cerebro especializadas en la memoria, el aprendizaje y el movimiento.

Las cefaleas y las migrañas que relatan muchas personas expuestas a campos electromagnéticos tienen una explicación en cuanto a los efectos de la radiación sobre el sistema dopamina-opioide del cerebro y con las variaciones de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica.

Los casos de ictus o infarto cerebral y accidente cerebrovascular han aumentado en un 40% desde 1998. Precisamente en 1998 menos del 10% de la población tenía móvil, pero desde entonces el número de usuarios se ha elevado drásticamente.

De hecho, actualmente es la causa primera de muerte entre las mujeres por encima del cáncer y el infarto de miocardio, y su incidencia afecta cada vez a edades más jóvenes, y las cifras actuales se duplicarán para el 2030. Según el trabajo de Dariusz Leszczynski en 2002, las radiaciones no térmicas de la telefonía móvil son absorbidas por el tejido cerebral y activan las proteínas del estrés, y provocan un incremento de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica y modifican el patrón de apoptosis (muerte celular programada) que impide la destrucción de las células viejas o transmutadas. Procesos que están directamente relacionados con la aparición de tumores y enfermedades neurodegenerativas.

Según los trabajos del neurocirujano Vini Khurana sobre más de 100 estudios científicos, el uso de teléfonos móviles es más peligroso que fumar. Advierte de un gran incremento de tumores entre la población, y que ésta debería de dejar de usar el teléfono móvil, e insta a los gobiernos y a la industria a que adopten medidas inmediatas para reducir la radiación. El doctor Khurana afirma que el uso de teléfonos móviles durante 10 años o más puede incrementar al doble el riesgo de padecer cáncer cerebral: “Hay consistencia significativa y evidencia para establecer una relación entre el uso del teléfono móvil y ciertos tumores cerebrales”, e insiste en que este peligro de salud pública es mayor que el provocado hasta ahora por el asbesto y el tabaco.

Más de cinco mil millones de personas utilizan teléfonos móviles en el mundo, un número cinco veces superior al de los fumadores de tabaco. Fumar mata a unos cinco millones de personas cada año, y la exposición al asbesto es responsable de más muertes en muchos países que los accidentes de carretera. Es fácil comprender las repercusiones sobre la salud mundial del problema al que nos enfrentamos, cuando además de los usuarios de los teléfonos móviles sumamos la exposición a la radiación de las antenas de telefonía móvil y de otros muchos más focos.

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“La enfermedad silenciada” Raúl de la Rosa

http://www.saludiniciativa.com

 

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