Malformaciones genéticas-Síndrome de Down

Los defectos de los niños al nacer no se deben exclusivamente a factores genéticos hereditarios. También se hereda el lugar que está favoreciendo la aparición de la anomalía, como sucede, por ejemplo, en una vivienda sometida a radiaciones artificiales. Estas causas del entorno alterado, pueden provocar irregularidades en los cromosomas del feto.

De los trabajos de Heller yManikovska-Czerska, se deduce que la radiación electromagnética opera directamente sobre los cromosomas. Por su parte, los doctores Kathryn Nelson y Lewis Holmes, del Boston Brigham and Women´s Hospital, examinaron 69.277 casos de recién nacidos, de los cuales, 48 presentaban graves anomalías de nacimiento, y 16 de ellos no tenían antecedentes familiares que indicaran una relación hereditaria. Hoy en día, se reconoce que al menos el 30% de las anomalías al nacer son mutaciones espontáneas debidas a factores externos. Una de las causas es la radiación ionizante (rayos X o gamma), aunque otras radiaciones menos energéticas favorecen también la aparición de anomalías congénitas en los fetos. Los trabajos de Heller y Manikowska-Czerska del Center for Devices and Radiological Health, o de Jocelyne Leal, directora del Departamento de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, indican que las radiaciones electromagnéticas de menor rango (caso de microondas o de muy bajas frecuencias) pueden tener los mismos efectos. En esta misma línea, el doctor Mokba, catedrático de Higiene Industrial de la Universidad de Praga, ha constatado una disminución de la espermatogénesis, cambios en la menstruación, así como efectos congénitos en recién nacidos.

Por su parte, el director del Instituto de Higiene de la Universidad de Heidelberg (Alemania), Andreas Varga, realizó experimentos con huevos, exponiéndolos a radiaciones electromagnéticas con intensidades admitidas como seguras por las normativas oficiales alemanas, comprobando que todos los embriones morían o nacían con malformaciones. Varga extrapola estos resultados al ser humano, y advierte del peligro del uso de teléfonos móviles, ordenadores y otros dispositivos, especialmente por parte de las mujeres embarazadas.

Precisamente científicos como Frey y otros investigadores muestran en sus trabajos que la barrera sanguínea vitrosa que preserva la barrera de la placenta que protege al feto puede verse afectada por las radiaciones. Las mujeres embarazadas no deberían exponerse a campos magnéticos artificiales.

En el Departamento de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, dirigido por la doctora Jocelyne Leal, se estudió el comportamiento de organismos embrionarios (pollos), sometiéndolos a campos electromagnéticos de muy baja frecuencia e intensidad (entre 1 y 1.2 microteslas, o sea entre 1.000 y 1.200 nanoteslas). Leal, realizó sus investigaciones con este tipo de organismos desde el año 1982, debido a que su respuesta orgánica es similar a la del feto humano, y se elimina, de esta forma, la posibilidad de que sea el organismo de la madre el afectado y no directamente el embrión. Las investigaciones se llevaron a cabo sometiendo a los embriones a cortos intervalos de radiaciones, constatándose un menor desarrollo del sistema nervioso y del corazón. Las radiaciones electromagnéticas de muy baja frecuencia alteran el proceso evolutivo embrionario, provocando anomalías morfogenéticas; es decir, malformaciones del feto e incluso la muerte del embrión. Esta investigación es la ratificación de los trabajos llevados a cabo igualmente en el hospital Ramón y Cajal de Madrid por el doctor José Delgado, quien sometiendo a este mismo organismo embrionario a dichas frecuencias, encontró defectos congénitos.

Estos resultados causaron gran impacto y polémica en el mundo científico, por lo que la marina de Estados Unidos —a través de su oficina de investigación—, decidió reproducirlos con el mismo equipamiento. En 1988, facilitaron un informe, cuyas conclusiones fueron que “los campos electromagnéticos de muy baja frecuencia y baja potencia, aumentaban el riesgo de malformaciones genéticas en el desarrollo embrional”. Las investigaciones de laboratorio efectuadas por los doctores Eduardo Ramírez y José Luis Monteagudo en 1990, confirmaron la presencia de efectos mutagénicos en los cromosomas. Se analizaron 75.000 cromosomas de la mosca de la fruta (drosophila melanogaster), irradiados con campos electromagnéticos en dosis similares a las producidas por líneas de alta tensión. Los cromosomas conforman la estructura donde se encuentra recogida la información genética, en forma de cadenas de ADN. Los expertos en gerontología avalan la utilización de la dro sophila en investigación, al considerarla un organismo biológico cuyos procesos bioquímicos de envejecimiento son similares y comparables a los humanos; por tanto, los resultados y efectos son extrapolables a éstos. Se comprobó que con un campo electromagnético, en exposiciones de 72 horas, el efecto mutágeno se elevaba al doble, en comparación con el grupo control. En investigaciones de similares características, realizadas por M. Sikov en 1982, y por S. Nordstroem un año después, se observaron asimismo efectos genéticos.

Otro efecto observado por Monteagudo y Ramírez, fue la reducción del tiempo de vida, el cual disminuía hasta un 30%. Estos resultados, muy bien pueden trasladarse al ser humano, dada la similitud de los procesos bioquímicos de ambos organismos. Asimismo, se observa una drástica disminución de la fertilidad y de la fecundidad. En otra investigación de Monteagudo, realizada con huevos de gallina, se constató que se retrasaba el desarrollo de los mismos, tras haber estado sometidos a radiaciones electromagnéticas débiles. También comprobó que se producía un mayor índice de mortalidad en los pollitos nacidos de dichos huevos, con respecto a los del grupo control.

Resulta difícil comprender que con el cúmulo de estudios e investigaciones que ya en esos años se habían realizado, las autoridades sanitarias no tomaran medidas al respecto, y que años después, tal como sucede hoy en día, las cosas sigan prácticamente igual. No se puede pretender que todas las en

fermedades llamadas genéticas, sean consecuencia de lamentables azares de la bioquímica humana.

Hay que considerar otros factores externos que también contribuyen a su aparición, así como a los elevados índices actuales de dichas enfermedades. Sin duda, una de las causas es medioambiental y buena parte procede de la exposición a diferentes focos de radiación (ya sea en dosis elevadas o en exposiciones prolongadas), desde la de alta hasta la de extremadamente baja frecuencia, y cuyos focos emisores están a nuestro alrededor de forma habitual.

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Bibliografía: Raúl de la Rosa “La enfermedad silenciada”

http://www.saludiniciativa.com

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